Katmandú

Katmandú suele ser la puerta de entrada a los Himalayas y el primer destino que el viajero conoce de Nepal.

En mi caso, el avión llega a Katmandú sobre las 8 de la mañana y tras pasar el control de pasaportes y recoger el equipaje, salgo al exterior del aeropuerto. Llego al país con las dos primeras noches reservadas en un hotel de Thamel, después de eso, sin rumbo fijo, todo ira sobre la marcha.

El primer contacto con Katmandú puede resultar muy intenso. A mi llegada a Thamel, recibo una sobredosis de olores, colores, sonidos...un caos de sensaciones capaces de saturar los sentidos en pocos minutos. Miles de personas caminan apretadas por las calles, compartiéndolas con motos, rickshaws o bicicletas, que luchan por encontrar su lugar. El aire está cargado de una mezcla de incienso con humo y tierra, que te entra en los pulmones y no te deja respirar.

Katmandú es una ciudad con mucha personalidad que no dejará indiferente a nadie y aunque os recomiendo que salgáis de la ciudad para conocer el Nepal más autentico, hay varios rincones que merecen mucho la pena visitarlos.